El equilibrio entre dar y recibir es algo difÃcil de lograr. Desde que el bebé empieza a saberse diferente o ajeno a su madre comienza un camino de independencia emocional que, a veces, le lleva toda la vida. ¿Dónde está la clave para darse a uno mismo y dar a los demás? ¿Dónde reside el misterio que nos permite recibir sin sentirnos incómodos o en deuda?
Al nacer dependemos totalmente de otras personas, la madre, el padre u otros que nos nutren y cuidan. Con los meses nos hacemos conscientes de que somos otro cuerpo distinto, que la madre es otra persona, otro lugar. ¿Habéis visto a un bebé "descubrir" sus pies o sus manos? La reacción es asombrosa y requiere un tiempo para que el cerebro pueda comprender este hecho maravilloso: es un ser diferente a otros, y es independiente. Durante los primeros años dependemos completamente de otros, es decir, recibimos. Cuando vamos creciendo aprendemos a dar. Ya sea un abrazo o un regalo, los niños empiezan a entregar a los padres o a otras personas lo que pueden, lo que tienen. Si pudiéramos volver a esos años sentirÃamos la hermosa y gratificante sensación de aceptar si peros el amor y los cuidados que otros nos dan, asà como la alegrÃa interior cuando dábamos algo, por pequeño que fuera.

La vida sigue y pronto comprobamos que no siempre vamos a recibir, que esperamos cosas que no llegan, que cuando no llega lo que esperábamos sentimos frustración y rabia, y que terminamos exigiendo o manipulando al otro de maneras más o menos obvias. Por otra parte, el amor con el que dábamos nuestra sonrisa o una flor del campo que llevábamos a mamá tras un paseo empieza a diluirse bajo la expectativa de lo que otro nos entrega o nos devuelve. Me temo que es en esa fase donde comenzamos a volvernos dependientes emocionalmente.
¿SABEMOS DAR TIEMPO, AMOR...? ¿SABEMOS RECIBIR?
Y, ¿por qué nos cuesta recibir y aceptar un piropo, una invitación o un presente? ¿Qué pensamos de nosotros mismos que nos hace sentir que no somos merecedores? O, ¿qué pensamos de los demás que nos hacen sospechar de sus intenciones? Haz los deberes, yo solo tengo la misión de pensarlo en voz alta para seguir creciendo y compartirlo por si quieres crecer tú también. Vuelvo a las preguntas que me hago, y reflexiono. Hace poco me pusieron un ejemplo: vas a una cafeterÃa y cuando llega tu café o tu té, viene acompañado de una galletita, ¡ole! ¡Qué alegrÃa! Aunque no te la comas, pero queda muy bonita junto a tu taza. Vuelves al dÃa siguiente y al pedir tu café ¡otra vez igual, galletita! ¡Madre mÃa, viva este local! Y, oye, que te "fideliza" y sigues yendo. Pero, de pronto, un dÃa, pides tu café o tu té, y ¡oh, shit! ¿Y la galletita? ¡Qué nunca te la comÃas, pero te daba alegrÃa ese detalle! ¿Y dónde está? Imagino tu cara: la buscas tras la taza, miras las otras mesas por si otros clientes tienen galleta y tú no, pero nada. Te frustras, te enfadas, y si eres una persona atrevida, le preguntas al camarero: "Oiga, ¿y la galletita que ponen siempre?" Y él, sonriente y profesional, como siempre, te dice que hoy no hay. ¿Cómo te sientes?
La galleta era un regalo, un acompañamiento, cortesÃa, pero no es una obligación. Claro, te has acostumbrado y ahora, la esperas, pero además, ¡la exiges! ¿Te ocurre algo asà en tus relaciones personales?
Tal vez eres una persona muy bien educada, discreta, amiga del diálogo, y entonces no te quejas, no protestas, pero expresas tu disgusto de otra forma. Dejas de saludar al entrar, pides azucarillos al camarero, y luego servilletas, y te vas sin despedirte y sin dejar propina. Si expresas asà tu disgusto tal vez eres una persona pasiva-agresiva. El camarero no adivina qué cuernos te pasa, pensará que tienes un mal dÃa, porque es incapaz de imaginar que ni le saludas solo por la dichosa galleta, que además era gratis, ¡jolines, que es un regalo! Pero nunca lo sabrá, porque tú, una persona discreta, educada... o cobarde y exigente no aceptas que las personas dan lo que pueden y lo que quieren. Pues, por propia experiencia, cuanto antes aceptes esta realidad, mejor para ti y para todos.
Cuando te ofrecen algo o te regalan algo sin pedir nada a cambio piensas ¿por qué a m� Y yo me pregunto, ¿cuál es tu nivel de autoestima, que no aceptas que alguien te dé algo sin esperar o pretender nada? O tal vez, tú sà regalas o piropeas o invitas cuando quieres algo, no sé, piénsalo a ver.
¿Cómo te sientes cuando te dicen algo bueno? Ante el halago, ¿qué sientes? ¿Qué piensas? Y, ¿cómo reaccionas? Un regalo nos alegra cuando somos niños y nos genera problemas cuando somos adultos, qué curioso. Pues volvamos a ser niños. ¿Qué hacÃas cuando te daban algo? DecÃas gracias (según el barrio) y lo disfrutabas, como si no hubiera nada más en el mundo. Y a veces, para equilibrar esa balanza, dabas un beso, un abrazo o incluso buscabas con la mirada algo que entregar a cambio para compensar. Asà funciona el equilibrio, permitiéndose dar, permitiéndose recibir.
Hace tiempo vi un vÃdeo de no recuerdo quién en el que explicaba cómo mejorar nuestras relaciones. Recuerdo que el tipo del vÃdeo decÃa que en una pareja (aplÃquese a otro tipo de relaciones) una persona da, entrega, y la otra puede recibirlo, rechazarlo, y después, quedárselo sin más, o dar algo al otro. Vayamos por partes.
1.- Si recibes disfrutando, ¿imaginas la alegrÃa del otro? La otra persona se alegra profundamente de que "su regalo" te guste, sea lo que sea. La persona que regala se siente ver al ver tu disfrute, tu alegrÃa, ¡le hace feliz verte bien! ¡Es increÃble! Pero es que cuando alguien te quiere, le encanta verte feliz, al menos en mi barrio.
2.- Si al recibirlo, bajas la mirada, te sientes incómodo o incómoda, si lo rechazas abiertamente, se produce un corte entre los dos. La energÃa de entrega que iba hacia ti se frena en seco, por lo que sea, tú tendrás tus motivos. De hecho, rechazar un regalo se interpreta socialmente como el rechazo a la persona que lo da y a cualquiera de sus propuestas o intenciones. Por eso, cuando no te gusta una persona o no quieres continuar una relación, rechazas lo que te dé.
3.- Imagina que tomas lo que te dan, ya sea afecto, tiempo, unas flores o chocolate, ummmm. ¿Te lo quedas y ya está? ¿Lo disfrutas para ti y se acabó? Efectivamente, no tienes obligación de "devolver" o pagar nada, asà es. ¡Disfruta! Pero imagino que, si esta situación se produce un dÃa, otro dÃa, y asà cincuenta veces, y tú solo sonrÃes y lo aceptas, ¿no se produce un desequilibrio? Solo lo pregunto, eh, no lo sé. Pero, si tú siempre tomas y el otro siempre da se genera una deuda, un cansancio que suele terminar con la retirada de uno de los dos. O el otro se cansa de darte sin recibir nunca, o tú te sientes mal por recibir siempre y no dar nada. Esto ocurre a veces con las personas que dan mucho, pero mucho, o que siempre hacen regalos caros, ya que la mayorÃa de la gente nos sentimos incómodos si no "llegamos" al mismo nivel. La primera vez no importa, pero tras unos años la relación se resiente.
4.- Por último, puede ocurrir que aprecies tus regalos y los disfrutes, ¡bien por ti! Pero que, llevado por un deseo profundo de agradecer, ojo, agradecer, no compensar o pagar, que no es lo mismo, ¡tienes un gesto de cariño! Tu gesto de agradecimiento equilibra la balanza de modo inconsciente, y a la vez, vuelve a desequilibrarla, porque el otro, pareja, amigo o compañero, que te aprecia mucho, vuelve a darte un poco más. ¿Ves lo que ocurre? El ciclo comienza de nuevo, y entonces tú le invitas. Otro dÃa él/ella te da una sorpresa. Entonces tú le haces una tarta, y él o ella te envÃa un mensaje expresándote cuánto le importas. Y asÃ, ad infinitum.

Bueno, gente, esto son teorÃas, lo vi en YouTube y lo pensé. ¿Será tan sencillo cuidar las relaciones? ¿Consistirá en saber recibir sin miedos, sin huida y sin peajes? Cuando quieres a alguien, ¿no te apetece tener mil detalles con las personas que amas? ¿Lo haces con amor o porque quieres obtener algo? AnÃmate, siéntelo desde el corazón y crece. ¡Uno más para el Club de los Sintientes, oh yeahhhh!
Hala, ya tienes deberes para esta semana.


